lunes, 28 de septiembre de 2009

Cicerón

Marco Tulio Cicerón (106 a.C.-43 a.C.)Nació en la ciudad de Arpino, Italia, su padre, un caballero romano del mismo nombre. Su madre, Helvia. Tuvo un hermano, Quinto, a quien dedica parte de su correspondencia. Junto a él recibe, ya en Roma, la más esmerada educación. De temperamento intelectual, sufre desde muy joven las influencias de los más relevantes cerebros de su época: El poeta Arquías, cuya ciudadanía defenderá en el futuro; los oradores L. Licinio Craso y Marco Antonio; Q. Muscio Escévola, el augur; el pontifex maximus de igual nombre; los filósofos Diodoto (estoico) y Fedro (epicúreo). Estos hombres, entre otros, forjarán con sus enseñanzas, actuaciones, ejemplos, el carácter del autor latino más leído en todo el mundo y en todas las épocas. A los diecisiete años cumplió su servicio militar a las órdenes de Pompeyo Estrabón y Sila, durante la Guerra Social (90-88 a. C.). En el año 80 a.C. pronuncia el discurso que lanzaría su nombre a la política, Pro Sexto Roscio donde osa oponerse abiertamente a Sila. Entre 79 y 77 se traslada a Atenas, por motivos de salud o tal vez de seguridad. Allí estudia la obra de Antíoco de Ascalón. Marcha a Rodas, donde escucha al estoico Posidonio y reencuentra a Molón (a quien ya debió conocer en Roma), influencia decisiva en la formación de la prosa ciceroniana. A su regreso casa con Terencia, quien le dará una hija, Tulia, que sería la pasión del de Arpino, hasta la muerte de ésta en el 45, dos años antes que su padre. En 75 fue Cuestor en Libylaeum (Sicilia) al parecer con honradez y eficacia. En el año 69, alcanzó el cargo de Edil Curul. Anteriormente, ya en el senado, ganó el caso de Verres, espectacular acopio de pruebas, que nos lo muestra ya como abogado habilísimo. Poco después conoce a Pomponio Atico, que, amigo y confidente casi exclusivo, destinatario de las cartas más interesantes, pasaría a formar parte del reducidísimo número de los verdaderos afectos de Cicerón (seguramente Atico, Quinto y Tulia). Fue Pretor (66), cargo en el que apoyó que se dieran amplios poderes a Pompeyo (de Lege Manilia) en la guerra contra Mitridates. Cicerón, padre por segunda vez -su hijo Marco nació el 65-, alcanzó el consulado en el 63. En su actuación se dedicó casi exclusivamente a desbaratar los planes de Catilina. Los cuatro discursos in Catilinam descubrían y exponían la conspiración, que finalmente fue abortada en forma brusca y dudosamente legal. Esto le proporcionaría el pomposo título de pater patriae y algunos disgustos de importancia. En efecto, en el año 58 tuvo que exiliarse a Tesalónica y sus propiedades fueron destruidas. Obra de Clodio, quien había conseguido astutamente que el senado declarara fuera de la ley a cualquier responsable de condenas sin juicio -y los partidarios de Catilina habían sido ejecutados en esas condiciones-. Regresó pronto. Pero la Roma del primer triumvirato -en cuya instauración no había querido colaborar- no le fue propicia y se dedicó a la prosa filosófica. De Oratore, De República, De Legibus, son los frutos de esta época.
En el año 53 fue elegido augur y en el 51 proconsul, cargos ambos que desempeñó con
brillantez. Estalla la guerra civil. Cicerón se declara Pompeyano y, tras la derrota de Farsalia, se retira nuevamente de la vida pública. Estuvo algún tiempo en Brindisi, fue autorizado a regresar y lo hizo, aunque siguió discretamente al margen de la política. Su vida familiar fracasa. Se divorcia de Terencia (que se casa enseguida con Salustio) y él a su vez contrae segundas nupcias con una jovencita, pupila suya. Al parecer tampoco le fue muy bien. En el 46 pierde a su hija Tulia. En los años que la sobrevive no parece reponerse de la íntima conmoción que sufrió. De esta época son Orator y Brutus, nuevos tratados de retórica, así como Tusculanae, De natura deorum, De officis y De amicitia. En el 44, César es asesinado. Cicerón intenta volver a la política. Busca la reconciliación, proponiendo la amnistía para los conspiradores, pero se ve obligado a huir otra vez. Nuevamente en el senado, aún reunió fuerzas para oponerse a Marco Antonio (1ª Philippica). Tal vez hubiera pensado en Octavio -como antes lo hizo en Pompeyocomo rector de su República, pero aquél se alía con Marco Antonio y Lépido. Es el fin de Cicerón. Intenta la huida, pero fracasa. Muere en Formias, el 3 de diciembre del 43. Hombre difícil de conocer, agnóstico de hecho, pese a las obsesiones teológicas que le produjo la muerte de Tulia y a la religión oficial, que practicó toda su vida con marcado carácter práctico; tampoco en política es de fácil definición. Liberal moderado hasta el 80 (en el Pro Sexto Roscio acepta haber colaborado con el régimen, aún no estando de acuerdo), se inclina progresivamente hacia la democracia, alcanzando una magnífica reputación entre los populares (66) (era la época de la Lex Manilia) mientras que los optimates le miraban con hostilidad (Cicerón era horno novus).
Pero después, tras un enfrentamiento con los populares (en contra Rullum se opuso a un oportunista reparto de tierras) busca el favor de los optimates, que le encumbran (Consulado en el 63, in Catilinam, etc.). En lo sucesivo, es cada vez más conservador, o como tal se comporta. El caso es que cada una de estas variaciones le valió una serie de enfrentamientos: Sula, los optimates, por los que en realidad siempre sintió simpatías, César y Antonio. La honradez -su carrera lo atestigua- y la fidelidad a los propios principios fueron las únicas constantes de la vida del abogado, del escritor, del filósofo, del político y hasta, tal vez, del poeta.

Algunas Obras:

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